Hace días que me encontré una compañera de universidad que para mí fue una sorpresa muy agradable.
Julia era la típica chica que además de sus estudios que por cierto los llevaba bastante bien tenía otra pasión que era su novio.
En aquella época no había manera de que se quedara para un café después de clase y para las fechas estivales ya tenía siempre planificado algún viaje con el.
Eran la pareja perfecta y todos sentíamos envidia de ellos.
Nos saludamos y me propuso tomar un café, ese café que nunca tuvo tiempo y me pareció muy raro.
Me contó que se había separado que no le había ido bien en el amor y que estaba pasando una mala racha.
Un día mientras ella trabajaba su chico aprovecho para hacer las maletas y abandonar la casa donde vivían sin que ella tuviera conocimiento alguno.
En la maleta del chico no iban sus camisas, pantalones ni tan siquiera un libro. En esa maleta el le había robado los sueños a mi amiga Julia, su vida, su historia de amor, y algo muy valioso; el tiempo.
Julia me contó que incluso había pensado en algún momento en quitarse la vida. Que nada ya le llamaba la atención y que se pasaba las tardes enteras llorando.
El amor es más fuerte e intenso cuando es no correspondido. Un amor malo y despiadado se abre más a la dependencia del del ser humano, lo destroza y lo hace débil.
Nos despedimos con un fuerte abrazo comprometiéndonos para quedar el lunes de la semana siguiente, pero nunca más volví a verla.
Días después me enteré que había fallecido, que no había podido superar la situación y que había decidido tomar otro camino.
Le pedí permiso a su madre para escribir su historia siempre desde el cariño y el anonimato.
Si puedes leer estás palabras sólo quiero decirte que te quiero Julia.
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